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El “plan B” del microemprendedor.

Un microemprendedor suele ser una persona entusiasta y atrevida pero cuando trata de elaborar el plan de empresa debe actuar con sosiego.

El convencimiento de que la idea es magnífica y que el negocio va a ser un éxito no debe impedir trabajar con sentido común: son  numerosos los motivos por los cuales los negocios no consiguen despegar a pesar de ideas excelentes y promotores ilusionados;  los productos, la publicidad, el precio, el punto de venta, los clientes, los proveedores, la competencia, … son factores que se deben analizar en profundidad.

Es preciso establecer los posibles riesgos y contar con alternativas en caso de fallo, es decir:  tener un “plan B”.

El plan de empresa debe  ser equilibrado y aportar una visión realista, incluso pesimista sobre los resultados esperados e incorporar  para el plan B un pequeño fondo de maniobra en los presupuestos.  Este fondo permitirá establecer con rapidez las correcciones adecuadas en un momento dado. Si no se cuenta con ello el negocio no podrá sobrevivir.

Otro enemigo del emprendedor es  su tardanza en  reaccionar. Confía es que las ventas iran mejorando con el tiempo pero los  recursos están limitados y hay que analizar los resultados con objetividad desde el primer día,  observar las desviaciones  y rectificar cuando se vea necesario.

Ser previsor y tener un plan B,  no solamente es conveniente para el periodo de arranque de la actividad, sino también para hacer frente a cualquier otra crisis posterior.

 

 

 

 

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